En el actual entorno laboral, caracterizado por la alta exigencia, la conectividad constante y la presión por cumplir objetivos cada vez más ambiciosos, surge una pregunta clave: ¿trabajamos para vivir o vivimos para trabajar?
En el ámbito corporativo, esta no es una cuestión meramente reflexiva, sino una advertencia para las áreas de Recursos Humanos y Seguridad y Salud en el Trabajo (SST). El desgaste emocional y la pérdida de equilibrio personal avanzan de manera silenciosa, pero con un impacto tangible en el bienestar, el rendimiento y la permanencia del talento en las organizaciones.
A continuación, presentamos seis aspectos clave que reflejan cómo el entorno laboral actual puede impactar negativamente en el bienestar emocional y mental de los trabajadores.
En muchas organizaciones, la ecuación parece simple: más horas + más esfuerzo = mejores resultados. Sin embargo, la evidencia indica lo contrario.
Un estudio publicado en The Lancet Psychiatry advierte que jornadas prolongadas y alta presión sostenida aumentan el riesgo de depresión y ansiedad, incluso en colaboradores con alto compromiso. El exceso de trabajo no solo agota —erosiona capacidades cognitivas, deteriora la toma de decisiones y eleva la accidentabilidad laboral.
Mini caso: Juan, operador minero, amplía turnos de 12 a 14 horas. Su concentración baja y provoca una detención de emergencia.
En el plano cultural, el concepto de workism describe la creencia de que el valor personal depende de la productividad. En este marco, no desconectarse no es visto como problema, sino como signo de compromiso.
Mini caso: Rosa, supervisora agrícola, siempre es la primera en llegar y última en irse. Termina con insomnio y presión alta, pero lo normaliza.
Es la presión por responder de inmediato a mensajes o correos fuera del horario, interfiere con la recuperación psicológica. Según la Journal of Occupational Health Psychology, esta constante disponibilidad incrementa el agotamiento emocional y reduce la calidad del sueño, impactando directamente en la productividad y seguridad laboral.
Mini caso: Pedro, coordinador logístico, responde mensajes a medianoche. La fatiga le hace cometer errores costosos.
Aunque el impacto emocional es difícil de cuantificar a primera vista, sus consecuencias se reflejan en métricas tangibles:
Mini caso: Planta pesquera: en temporada alta, aumentan 20% los accidentes menores por exceso de jornada.
Equipos de RR.HH. y SST deben estar atentos a indicadores cualitativos:
Mini caso: Operarios en almacén se vuelven irritables y menos colaborativos tras un mes con horas extras obligatorias.
No basta con acciones aisladas, es necesaria una política integral que:
1. Regule la desconexión digital: Políticas claras sobre disponibilidad fuera del horario.
2. Promueva descansos efectivos: Micro-pausas, uso real de vacaciones, horarios escalonados.
3. Capacite en autocuidado y manejo de límites: Capacitaciones para líderes y colaboradores.
4. Monitoree el clima : Encuestas específicas sobre carga y recuperación.
5. Rediseñe la carga de trabajo : Balance realista entre exigencias y recursos disponibles
Mini caso: Empresa minera rota turnos y da 7 días de descanso seguidos, reduciendo licencias por estrés un 15 %.
El reto no está solo en “cuánto pueden aguantar” las personas, sino en cómo se diseñan las cargas de trabajo y en la cultura que se vive dentro de la organización. Áreas como SST y RRHH cumplen un papel clave al identificar signos de agotamiento, optimizar procesos y preparar a los líderes para actuar de manera preventiva.
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